Miscelanea

FELIPE DELGADO (Resúmen Escolar)

Felipe Delgado, ante la inminente muerte de su padre y a instancias de su tía, sale en busca del sacerdote que se encargaría de darle la extremaunción. En medio de la noche lluviosa recuerda pasajes de su infancia, momentos junto a su padre y a su tía Lía; su madre, Ramona, había muerto el mismo día del nacimiento de Felipe. En el trayecto se había detenido a beber en una chingana, saliendo de ella tiene la primera visión de un ser que le causa temor: personaje burlón que orina y caga delante suyo cuando está en el zaguán de la iglesia para luego empujarlo sobre la inmundicia, pasado ese episodio Felipe se encuentra con el cura y ambos llegan a casa de Virgilio Delgado encontrándolo sin vida.
Como el padre de Felipe Delgado era un hombre con fortuna, con su fallecimiento los familiares no se pusieron de acuerdo en su disposición. La tía Lía decidió donar dinero a las monjas y asilarse en el monasterio. Apolinar Borda, tío de Felipe Delgado, intentó persuadirla de su intención pero no lo consiguió.
También Nicolas Estefanic, amigo de la familia, está preocupado por su situación: es deudor de una importante suma de dinero y en ausencia de Virgilio decide acudir a Felipe Delgado, a quien la herencia le interesó poco y nada. Ambos beben en el cuarto de Felipe y allí Estefanic decide pedirle un préstamo con la promesa de devolvérselo a su retorno de Antofagasta, Chile, donde iría a trabajar temporalmente.
Apolinar Borda, viendo incierto su futuro, decide proponer a Delgado un negocio en el que también participaría su brujo: Juan de la Cruz Oblitas. Oblitas y Borda querían comercializar diversos productos desde el altiplano y además establecer una fábrica de fuegos artificiales. En una reunión concertada con Delgado, éste conoce a Oblitas a quien saluda con exceso confianza ("¡gordo mañudo!") provocándole una indignación pasajera, atenuada conforme siguió la charla en la que Delgado se disculpa, aunque manteniendo el tono festivo con que la había iniciado. Bebían, y Delgado contó algunas de sus vivencias, borracheras, visitas a la morgue del Hospital, la repisa con la muerte de Vitoretti: mueble con objetos que Delgado había hurtado de la morgue; poema compuesto en alusión al italiano Vitoretti, amigo íntimo de Mussolini, que radicó en La Paz, y luego de quedar en la miseria fué arrojado entre los cadáveres.
Finalmente, y luego de que le expusieran el proyecto, Delgado acepta participar en la sociedad - sin formar parte de ella - dejando a su tío como socio capitalista.
La tía Lía se refugia en un monasterio, Estéfanic parte a Chile, Apolinar Borda y Oblitas se dedican a iniciar su negocio.
Con la casa vendida Felipe busca un lugar donde vivir, una vez que lo encuentra lo acondiciona a su gusto sin reparar en gastos. En procura de encontar un relojero da, casualmente, con la habitación de Titina Castellanos, con la que estaba relacionado anteriormente; conversan brevemente y queda en regresar.
Una noche en la que Delgado buscaba un lugar donde tomar un trago, encuentra una bodega en el callejón Pucarani, "El Purgatorio", allí se velaba el cadáver de la nieta del bodeguero. Luego de presentarse y entrar en confianza invita bebidas finas y comida que hace traer desde la calle. La bodega, que visita con asiduidad desde aquél descubrimiento, se va conviertiendo en lo mas importante de su vida, más aún que su relación íntima con Titina Castellanos. Precisamente por causa de la bodega y sus contínuas borracheras es que rompe con Titina y, luego de una discusión en la que ella revelaba estar embarazada y hablaba de su muñeca compañera y bruja; ella decide marcharse dejando una carta para Delgado en la que desmiente su embarazo y le deja saludos de parte de su muñeca.
La bodega y quienes la concurren se constituyen en el ambiente natural de Delgado: Indalecio Beltrán, Román Peña y Lillo, el Delicado, el bodeguero Corsino Ordóñez, Amézaga, el benemérito de la guerra del pacífico y los aparapitas. Delgado comparte discursos, abundante bebida y discuciones, especialmente con Beltrán (con quién comparte su admiración por el Illimani y Franz Tamayo), con Peña y Lillo, ocasionalmente con el Delicado, manteniéndose al márgen el bodeguero.
Una tarde Delgado se impresiona al ver en detalle las peculiaridades del saco de un aparapita, la uniformidad que le daba el tiempo a los remiendos y costuras diversas; allí expone su pensamiento sobre los aparapitas que, según él, lo que hacen es sacarse el cuerpo, describe la forma en que el aparapita sale del lugar en el que ha bebido y cae contra la pared o el suelo. Afirma que los aparapitas son poetas, de los que lo son hayan o no escrito un poema.
Otros días, Delgado experimentaba visiones o comentaba sueños que tenía en la misma bodega.
En casual conversación, Beltrán le comenta acerca de un rumor sobre la existencia de un hombre que, acompañado por eminentes personajes (incluído tal vez el propio Tamayo), estaba organizando un plan de gran magnitud para recuperar las costas del Pacífico perdidas contra Chile. Delgado se impresiona y, luego de averiguaciones, da con la probable casa de ese hombre que sería José Luis Prudencio. Vigilaba constantemente la casa junto con Peña y Lillo y el Delicado, tiempo en el que obtienen información del personaje y también tienen oportunidad de verlo de cerca con motivo de la llegada de un circo alemán a La Paz. Ese día Delgado procura estar lo mas cerca posible de Prudencio, quien iba acompañado de dos mujeres, una de ellas había impresionado a Delgado por su belleza en una de las tantas jornadas de espionaje.
Prudencio deja de interesarle, resulta no ser la personalidad preclara que suponía, y mas bien le resulta un sujeto desagradable, cojo, con mal genio. Quién si le interesaba, era esa elegante mujer que lo acompañó al circo y al que habían dado a llamar, Delgado y cia., "la Dama del Circo".
Un día, sin preverlo, entra en conversación con aquella mujer en la puerta de la catedral y, con una naturalidad inesperada, quedan en verse otro día con motivo de que ella le preste un libro de asuntos mágicos que le prometió durante su charla. El día fijado Delgado sufre un accidente en la avenida Pando al ser arrollado por un auto como consecuencia de la reaparición, fétida e irónica, del personaje grotesco que ya había visto la noche de la muerte de su padre, el cual lo sigue atormentando. Delgado termina hospitalizado, Peña y Lillo se ofrece a ir a la catedral para avisar a "la Dama del Circo", Ramona Escalera, el porqué de la inasistencia de Delgado; va y luego ambos, Peña y Lillo y Ramona Escalera, van al Hospital para que ella pueda encontrarse con él; entonces queda establecido el inicio de la relación Felipe Delgado - Ramona Escalera.
Sus posteriores encuentros se ven facilitados por las acciones del gobierno de Hernando Siles ante una probable conspiración de la cual Prudencio es sospechoso y debe ocuparse de su propia seguridad. Ramona Escalera es esposa de José Luis Prudencio. Ocurren enfrentamientos, muertes, y Prudencio se ve obligado a ausentarse de La Paz.
Para la noche de San Juan, coincidente con el cumpleaños de Ramona, Felipe tiene pensado recorrer con ella las fogatas de La Paz y luego llevarla a la bodega. Llegada esa noche, luego de superar una discusión nimia con Ramona y caminar por las fogatas cercanas al Cementerio para disfrutar del olor a quemado que a ambos les gustaba, luego la lleva a conocer la bodega. En la bodega, la presencia de Ramona es recibida con extrañeza, pero de a poco se habitúa a su ambiente, finalmente conoce el lugar del que Delgado tanto le había hablado. Posteriormente abandonan juntos la bodega y deján a los demás festejando. Lucía, la hermana de Prudencio, había sufrido un accidente y facilitaba los encuentros de ramona con Felipe Delgado.
A insistencia de Delgado, Ramona le cuenta pasajes de su vida, principalmente qué la indujo a casarse con Prudencio, ella explica que fué por motivos ajenos a la atracción o enamoramiento, pero no precisa mas; también revela detalles de los extraños gustos de Prudencio y de su hermana. Prudencio tenía una inmensa colección de muñecas, entre ellas una muy parecida a Ramona, pero esa afición inofensiva contrastaba con los inocentes ataques con llaves que Lucía efectuaba contra Ramona Escalera, con Prudencio como oyente pasivo contiguo, de las voces quejosas de Ramona y de las de disfrute de Lucía. Delgado no comprendía que ligazón llevaba a Ramona a seguir al lado de Prudencio, y no encontraba explicación tampoco por parte de Ramona.

Pasado un tiempo, Ramona comenzó a ver mal las borracheras de Delgado, su unión casi litúrgica con la famosa bodega. Anunció un viaje a Europa, el cual haría con Prudencio. Por carta, que tiempo después, recibió Delgado de Ramona, supo que tenía un cáncer. A su retorno, Ramona, visiblemente afectada por la enfermedad, se reconcilia con Felipe Delgado (inclusive visitaron la bodega), pero no tardó en llegar su muerte. Antes, su entierro había sido planeado por ella misma, precavida por el temor de que Prudencio pusiera en su ataúd la muñeca que se le parecía.

Por consejo de Oblitas, Delgado viaja a Chile, donde podría encontrarse con Nicolás Estefanic.

Delgado conoce el mar y queda profundamente impresionado, reflexiona sobre la inmensidad y lo necesario que es haberlo visto para comprender el mundo. Acompañado por Peña y Lillo es bien recibido por Estefanic, aunque tiene que alojarse en distinto lugar por las condiciones modestas en las que vive Estefanic. Bebe mucho durante su estadía, en el lugar donde se alojaba y en la playa también, donde causa gran alboroto entre vociferaciones jubilosas y temerarias, pierde el conocimiento y posteriormente termina detenido por la policía.

De retorno a La Paz, Delgado y Peña y Lillo traen consigo dos botellas: una con agua de mar destinada a la tumba de Ramona Escalera y otra con vino para la bodega. Delgado pronuncia palabras emocionadas ante el nicho de Ramona y deja allí la botella - presuntamente- con el agua de mar. En una chingana descubre con Peña y Lillo que había cambiado por error las botellas dejando la de vino en el Cementerio. Delgado reacciona con acatamiento al destino bebiendo el agua de mar y consigue que Peña y Lillo haga lo propio, aún sea en escasa cantidad.

Sin lugar donde quedarse, había perdido su habitación anterior, se aloja en casa de Oblitas.

Su asistencia a la bodega sigue siendo constante y contínua, aunque en determinado momento, por la muerte de Ramona y un cierto abatimiento, piensa en abandonar definitivamente la bodega. La idea de que allí había encontrado el fín de una búsqueda íntima, un sitio eterno que existía por él y para él, contrastaba con la lúcida imágen de personas desconocidas que lo acompañaban por el dinero que gastaba; personas que lo despreciarían llegado el momento en que se encuentre en la miseria; al fín de cuentas él venía a ser un intruso en aquella bodega. Pronto abandonaría esos pensamientos y regresa a la bodega con el mismo empecinamiento de antes.

Las visiones que lo acosaban en el interior de la bodega aún lo acompañan, sobre todo la mas impactante: la del sujeto inmundo que va resultando similar a él, quien ya se presenta en las mas diversas circunstancias y en cualquier momento; continúa bebiendo excesivamente, ahora también con la compañía de Estéfanic, recién llegado de Chile.

Cuando un día se dirigía a la bodega cae al suelo tropezándose con una persona que estaba botada, sin explicación, sobre la acera, en ese momento Delgado toma conciencia de su aspecto harapiento y de su descuido general: parecía un pordiosero y nadie se lo había dicho. Oblitas, anticipándose a una explicación y disculpa que pudiera hacerle Delgado, le dijo que a él no le interesaba el aspecto exterior y que por ese motivo no le había hecho ningún comentario sobre su apariencia y era bienvenido de cualquier forma.

Estefanic, preocupado por el deterioro de Delgado, envejecido y totalmente dominado por el alcohol, decide visitar a su viejo amigo, el Doctor Sanabria, que lo era también del finado Virgilio Delgado, con la esperanza de que pueda encontrar una forma de ayudar a Felipe Delgado.

La situación en la bodega había cambiado: un carpintero se instaló allí para incomodidad general, se trataba de Noé Salvatierra, compadre del bodeguero. Corsino Ordoñez, el bodeguero, había cambiado también, bebía sin medida y había dejado a Amézaga a cargo de la administración de la bodega. El ambiente no era el mismo, eran recurrentes las peleas de Delgado y numerosas sus heridas, cada vez perdía mas seguido el control de sus actos.

Sanabria, enterado de cuanto ocurría, propone a Estefanic que propicie un encuentro con Delgado para poder decidir qué hacer con él. La reunión Sanabria - Delgado deja un discurso reprensivo de Sanabria y una actitud evasiva, incluso hostil, por parte de Felipe Delgado.

La decisión de Sanabria, que Delgado y Estefanic, vayan a vivir a su propiedad en Uyupampa, es respaldada por Oblitas, quién comunica a Delgado lo que Sanabria tenía en mente. Delgado acepta aclarando que se iría solo porque a él le daba la gana.

Con dinero provisto por Sanabria, Delgado compra ropa nueva, se afeita y también se brinda una gran borrachera en la bodega. Sorpresivamente Corsino Ordóñez se suma a los demás y anuncia el cierre definitivo de la bodega en su discurso de despedida para después proceder a destruir algunos objetos y muebles. Terminó la noche con Ordóñez y Beltrán (piano) tocando hasta el amanecer.

Ordóñez es internado de urgencia, Delgado, Peña y Lillo, el Delicado y Beltrán acuden a visitarlo, ya estaba allí Amézaga. Quedaron todos muy impresionados ante la proximidad de su muerte. Aprovecharon la poca lucidéz de Ordoñez para contarle la forma en que habían humillado a Noé Salvatierra (supuesto responsable del cierre de la bodega y de la enfermedad de Ordoñez), destruyendo los muebles que tenía para entregar el carpintero y cuanto vieron a su paso, además de obligarlo a comprar trago para ellos. Ordóñez encarga a Delgado el discurso de su entierro, ya presentía su muerte y en esa situación hace que sus visitantes compren agua ardiente. Al día siguiente muere Corsino Ordoñez, Delgado y Peña y Lillo llegan tarde al Hospital y piden al menos entrar a la morgue para ver el cadáver; el médico, que también se llamaba Felipe Delgado, les concede el paso y entran allí acompañados por el negro Miguel Angel (el encargado que se había enamorado de un niño muerto y que amaneció sin vida al día siguiente). Encuentran el cuerpo del bodeguero y también a Amézaga, quién había permanecido fiel a Ordóñez y seguramente se había quedado dormido.

En el entierro, Delgado apenas balbuceó incoherencias, le resultaba incómoda la presencia desafiante de Noé Salvatierra y del negrito Ventura, su ayudante.

Llegado el treinta de diciembre, parten Delgado y Estefanic rumbo a Uyupampa, Delgado lo hace montado en un burro que había conseguido Oblitas.

La celebración de fin de año coincidía con la llegada de los huéspedes, que eran esperados con una recepción preparada por el administrador, Menelao Vera. Sanabria como anfitrión, Delgado, Estefanic y los invitados para la ocasión: Peña y Lillo y Oblitas, participaron del festejo. Contrastando con el ambiente festivo Delgado se mantuvo reacio, además no bebía. Su comportamiento en Uyupamapa mantenía ese estado de ánimo: aislado y con el único interés de escribir sus memorias.

Las contínuas visitas de Peña y Lillo y Oblitas rompían un poco el ambiente austero generado por Delgado y en cierto modo, también por Nicolás Estefanic, que se había vuelto receloso desde su llegada a Uyupampa.

Con el tiempo Sanabria y Oblitas llegaron a entenderse como si fueran viejos amigos (Sanabria le confó a Oblitas, negocios que tenía en La Paz).

Delgado se dedicaba a sus memorias, el alcohol ya no le atraía o al menos le era indiferente. Sus visiones de aquél repugnante sujeto burlón no se habían repetido desde la última vez que se le apareció en La Paz, en el que se le había revelado como él mismo pero muerto y redivivo del futuro.

Estefanic discute fuertemente con Sanabria y toma la determinación de irse, es persuadido de lo contrario por un recién llegado Oblitas y pasados algunos meses muere, siendo enterrado en Uyupampa.

Sanabria, distanciado casi totalmente con Delgado, entra en la "órbita de influencia Oblicista", su presencia se le hace imprescindible.

La noche de San Juan, en medio de la fiesta de fogatas y fuegos artificiales, Delgado quema sus memorias ante la vista de Peña y Lillo, lamenta la muerte de Estefanic y también recuerda con tristeza a Ramona por el olor a quemado que le recordaba a aquél San Juan con ella. Esa noche volvió a beber. Había desaparecido del lugar del festejo y al notarlo le encargan a Menelao Vera encontrarlo, {este al hacerlo increpa a Delgado confesándole su odio y le pide que vuelva a beber para que sea otra vez él mismo y se llevara su maldición a La Paz. Delgado bebió, y terminó su conversación con Menelao Vera rompiéndole una botella en la cabeza.

Sanabria, preocupado por la inminente guerra con Paraguay de la que él mismo había hablado tanto, se ausentaba cada mas con mas frecuencia de Uyupampa para asistir a reuniones en La Paz, según él, de gran importancia. Entretanto Delgado daba continuos sustos a Menelao Vera, perdiéndose en caminatas sin destino haciendo que Vera lo encuentre en lugares tan disímiles como el interior de una cueva o balanceándose sobre un pozo.

Una tarde de festejo en la que se celebraba ña solución de un conflicto de tierras que sostenían algunos pobladores con Sanabria, Delgado desapareció sin dejar huella. Vera estaba confiado en encontrarlo como ya había hecho en anteriores ocasiones, y como no lo encontraba cometió la imprudencia de buscarlo en el pozo donde amenazó entrar anteriormente, el resultado fué funesto ya que uno de los empleados sujetado a una soga bajó por el pozo infructuosamente, no encontró a Delgado y además la soga se rompió, como resultado: murió en el interior del pozo.

Sanabria encargó a Peña y Lillo que organizara la búsqueda de Delgado en La Paz, le pidió que lo hiciera en colaboración con los amigos de Felipe Delgado, los de la bodega. La búsqueda no obtuvo resultados positivos, Peña y Lillo fué a todos los sitios que, presumía, se le podían ocurrir ir a Felipe; también, por supuesto, al callejón Pucarani donde estaba la bodega, allí leyó un cartel que decía: "Carpintería del Diluvio Universal de Noé Salvatierra".

Sanabria comenzaba a resignarse a dejar inconclusa su filantrópica misión de "salvarlo". Oblitas terminó por convencerlo de que desistiera de su intento, estaba convencido de que Felipe Delgado había desaparecido y no se iba a saber mas de él, así lo demostraban las leyes de la simetría: comparó las fechas de su nacimiento con la de la muerte de Ramona Escalera y concluyó que su desaparición era otro hecho trascendente en su vida que, según los números analizados, así se confirmaba.

En La Paz, Oblitas preparó una sesión en su casa a la cual debían asistir Sanabria, Peña y Lillo y también Menelao Vera (quien, por presunciones de Oblitas, debía ser descubierto allí, como el culpable de la desaparición de Delgado). Finalmente no asistieron Sanabria, ocupado por la guerra, ni Menelao Vera, sí lo hizo Peña y Lillo.

La sesión se realizó entonces solo con Juan de la Cruz Oblitas y Peña y Lillo, Oblitas afirmaba que Delgado se encontraba allí mismo, en ésa habitación; sacudió el saco de aparapita que Delgado habia elaborado para sí (luego de su compra autosaboteada de un saco auténtico de un aparapita de la bodega) y lo mostró como una señal de su presencia. A la vez estaba y no estaba. Peña y Lillo, una vez finalizada la sesión, salió apresuradamente de casa de Oblitas.


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Felipe Delgado, Jaime Saenz. Editorial Difusión La Paz. 1979.